Cada cuatro años los universitarios nos vemos envueltos en una dinámica que para los tiempos actuales ya no corresponde a un verdadero ejercicio inteligente digno de la academia ni del espacio abierto de ideas y generación de conocimiento que debiera ser el ámbito de la universidad más importante de Chiapas.

Muy correspondiente con la nueva etapa que estamos a punto de vivir como país y como estado es justo y digno que las reglas cambien en la asignación de rector en esta y las otras universidades públicas del país, es necesario que verdaderamente exista un mecanismo transparente de auscultación y si no elección directa (porque siempre hay problemas) al menos sí debiera diseñarse un sistema que permita a la comunidad universitaria su expresión y verdadera participación activa.

A 44 años de su creación la UNACH debe transitar de acuerdo a su propio espíritu universal a mejores caminos y la garantía de su crecimiento debe ser que sus rectores cumplan con ciertos parámetros elementales, ya basta de una Ley Orgánica copada y llena de candados, la universidad del futuro deberá limpiarse y dejar de ser una plataforma usada por políticos para encumbrarse.

Justo ahora es el momento en que los universitarios debemos entender que para desterrar los vicios en la academia tendremos que construir una nueva realidad empezando por reflexionar y cambiar las reglas del juego, repensar la ley orgánica y actualizarla pero no con fines políticos, la actual ley orgánica se mantuvo incólume por muchos años hasta que fue modificada hace exactamente 4 años, lo malo es que en su modificación no fue consultada la comunidad universitaria y los parches agregados sólo fueron a modo.

La actual situación ya nos plantea una nueva realidad en un contexto idóneo para reformar nuestra máxima casa de estudios, ya es hora de que empecemos a ver para adelante, como política inicial debería desterrarse la práctica de aceptar como candidatos a rector a personajes externos con nula experiencia en el campo de la academia, reajustar los mecanismos de elección de una junta de gobierno para que sus integrantes sean verdaderamente personajes notables, con probidad moral y que no estén identificados a grupúsculos de poder.

La UNACH necesita hacer uso de su autonomía para la formación de seres universales y libres de pensamiento, ahora mismo las reformas que conviertan a nuestra institución en una universidad con porvenir ya no son una opción, si no una necesidad básica, las generaciones del futuro nos lo agradecerán.

Atrás deben quedar las rencillas y las divisiones del pasado, para nadie es un secreto que la actual situación de las universidades públicas son verdaderamente lamentables, la UNACH en particular se encuentra sumida en una crisis alentada por la falta de cumplimiento de algunas de las partes responsables de su desarrollo.

Muy a pesar de este panorama, el gobierno de Andrés López Obrador ha prometido voltear a ver a las universidades públicas y sacarlas de su crisis emergente, esta noticia es alentadora y aunque representa un reto, la nueva administración universitaria debe verlo como una oportunidad más que como un obstáculo, sí se puede sacar a la UNACH del bache en el que actualmente se encuentra.

Todas estas palabras fueran tinta vacía si no existieran las condiciones para llevarse a cabo, a 44 años de su fundación la UNACH tiene un futuro promisorio no exento de tormentas, con un nuevo rector designado en la figura de Carlos Natarén Nandayapa, académico, joven y con ideas frescas lo único que le hace falta al viejo proyecto de una universidad del pueblo para el pueblo soñado por su fundador, el científico Manuel Velasco Suárez, es la coincidencia y el apoyo de toda su comunidad: trabajadores administrativos, docentes, sindicatos, estudiantes, egresados, todos podemos aportar algo para esta nueva etapa, se puede, la universidad para los universitarios, es tiempo de la UNACH.