Por: Ricardo Aguilar Gordillo

Este 2019 pasará a la Historia como el año en que se alcanzaron transformaciones fundamentales en materia laboral en México, y también como el año en donde se abrió una nueva ventana de oportunidad para la transformación educativa del país después de un lustro perdido; en donde no tan solo hubo estancamientos, sino retrocesos.
Con el respeto debido a nuestro cuerpo legislativo y a la autoría de la iniciativa del Gobierno Federal en el marco del proceso para la ratificación del Tratado de Libre Comercio (T-MEC), existen antecedentes y testimonio, de que desde hace treinta años el Magisterio Mexicano, con el cambio de su dirigencia nacional, comenzó a pujar por la Construcción de un Nuevo Proyecto Sindical que implicaba cambios en su estructura representativa; una transformación en su relación con el Gobierno Federal, la Autoridad Educativa y las entidades federativas del país; y un cambio progresivo en las condiciones de bienestar del Maestro Mexicano, a la par de la estructuración de nuevos procesos escolares, contenidos educativos y alcances en la mejora del desempeño educativo del alumno. Todo eso, antes de que se inaugurara formalmente el Siglo XXI.
A la luz de los hechos, de esas propuestas y planteamientos por fin cristalizados, y hoy con un nuevo andamiaje legal que contribuye a dar nueva forma a las estructuras institucionales, considero preciso convocar a la reflexión planteando los siguientes preceptos:
La imperiosa necesidad de diseñar e implementar un modelo sindical acorde con las actuales circunstancias, favorables al cambio. Compete a nosotros los docentes e implica reconocer retrocesos y retomar la senda del cambio para la dignificación de la tarea docente, la democratización del sindicalismo, y de condiciones laborales y salariales dignas.
Diseñar y poner en funcionamiento un nuevo modelo sindical que tenga como características la transparencia, pluralidad y la democracia plena de la vida sindical.
Profundizar la democracia sindical, a través del voto secreto universal y directo (sin intervenciones gubernamentales de ningún tipo).
Robustecer a las secciones sindicales bajo los mismos principios.
Combatir y erradicar las prácticas en el manejo clientelar y corporativo de las plazas incluyendo la herencia y la venta de las mismas;
Evitar a toda costa fuentes de financiamiento opacas y establecer un sistema transparente de rendición de cuentas, los trabajadores tienen el derecho pleno de conocer el destino de sus cuotas sindicales.
Pugnar y luchar por el derecho de los maestros egresados de las escuelas normales públicas a plazas definitivas, tal como lo establecen las leyes laborales.
Transformar la imagen del sindicalismo magisterial para que la sociedad revalore el papel de los maestros, en la tarea de educar a las nuevas generaciones de México.
Diseñar esquemas, que, desde el nuevo quehacer sindical, contribuya para mejorar la gestión escolar.
Se trata pues de construir una nueva ruta sindical, más horizontal, democrática, con rendición de cuentas, con equidad de género, que promueva una democracia funcional entre sus agremiados; un sindicalismo solidario y responsable con su materia de trabajo, demandante, pero propositivo. La meta es construir una nueva configuración de la clase trabajadora.
Para lograrlo, partimos de la necesidad urgente de contar con una nueva dirigencia nacional, representativa y legítima, pues sabemos que construir un consenso colectivo consiste en un trabajo arduo y persistente, basado en la escucha atenta de las diversas voces sindicales y de un ejercicio responsable para lograr consensos. No lo lograremos sin una dirigencia renovada y con más altas aspiraciones para la base Magisterial.
También debemos reconocer que la defensa de los intereses laborales y gremiales no contradice ni obstaculiza el desarrollo de la educación, ni el nuevo marco jurídico; y que cualquier modelo sindical tendrá que recoger el legado histórico de las luchas legítimas que el magisterio ha dado para preservar la Educación Pública, las conquistas y derechos ganados.
Si bien debemos mantener un sindicalismo reivindique el derecho a la negociación colectiva, también debemos erradicar las viejas prácticas del corporativismo sindical del anterior régimen.
El nuevo sindicalismo deberá ser una fuerza moral que coadyuve a la actual transformación de México; y por ello, el nuevo modelo debe aspirar a ser una voz colectiva de los trabajadores que exprese necesidades, preocupaciones e ideas frescas, más compromiso con las niñas, niños y jóvenes de México; más compromiso con la construcción de un futuro mejor.
No tan solo somos el Sindicato más grande de América Latina, sino también uno de los pocos que ha sido reconocido por ser progresista; por haber cumplido –al menos hasta hace un lustro- cabalmente con su cometido de defensa de los derechos laborales y la mejora continua del bienestar de sus agremiados; y por haber contribuido –de la mano de su empleador, el Gobierno Federal-a buscar nuevas fórmulas para la mejora constante de la Educación Pública.
Reinventemos nuestro Sindicato y volvamos a la senda del Progreso. ¡VAMOS POR EL FUTURO!
Octubre 14 de 2019