Félix Camas

San Cristóbal de Las Casas.-Integrantes del pueblo creyente, del Movimiento en Defensa de la Vida y el Territorio (Modevite) y Derechos Humanos, que por seis años han venido peregrinando se manifestaron en contra de los megaproyectos entre ellos del tren maya y autopista San Cristóbal-Palenque.

“Nos manifestamos en contra de la simulación de las falsas consultas a los pueblos. Autopista San Cristobal-Palenque, ahora llamada carretera de Las Culturas. La represa hidroeléctrica del río chacte. Rechazamos la estafa y robo de nuestro café por el bajo precio y exigimos precio justo de nuestro producto”, citan en un pronunciamiento.

En la misiva se solidarizan en la lucha de otros pueblos en defensa de la vida y el territorio contra los megaproyectos como son el Tren maya, las zonas económicas especiales, el corredor transístmico, la geotermia, el modelo extractivista energético; “rechazamos los grupos paramilitares como estrategia gubernamental para dividir y confrontar a los pueblos, rechazamos el aparato represivo del gobierno (militares, guardia nacional, policías federal, etc) que intimidan y reprimen a los migrantes, movimientos y organizaciones que luchan por sus derechos”.

Al concluir una peregrinación refirieron que como cada año las cuatro zonas de la parroquia como pueblo originario San Juan Evangelista Cancuc, son llamados a reunirse por el Espíritu de sus antepasados en este lugar sagrado conocido como “Pokona, que es historia, memoria y palabra para despertar el corazón como pueblo y levantar la fuerza de la resistencia ante la amenaza del capitalismo neoliberal a través de los megaproyectos que para ellos es desarrollo y para nosotros los pueblos es despojo y destrucción de la tierra, territorio y pueblos”.

Reseñan que la historia, memoria y palabra de “Pokona” escrita con la sangre de los antepasados en 1712 les recuerda y dice “que somos de los pueblos originarios sometidos desde hace 527 años por las diferentes formas de colonización del sistema capitalista”.

“Somos hombres y mujeres con rostro y corazón propio, nacidos de la madre tierra y del maíz, con una relación espiritual en el tejido de la vida, la creación y el territorio. Así nos decían los abuelos y abuelas: somos tierra, somos agua, somos fuego, somos aire, defensores y cuidadores de la madre tierra”, concluyen.